Dos años después de las protestas, la oposición libanesa confía en las elecciones

Dos años después de un movimiento de protestas sin precedentes en Líbano, activistas de oposición esperan que las elecciones legislativas del año que viene pongan en aprietos a las élites gobernantes, aunque admiten que las posibilidades de un cambio notorio son pocas.

Cientos de miles de libaneses tomaron las calles desde el 17 de octubre de 2019 en un levantamiento histórico en todo el país.

Exigieron servicios básicos y la salida de una clase política a la que acusan de mala gestión y corrupción desde el fin de la guerra civil (1975-1990).

Pero al empeorar la situación económica, agravada por la pandemia del coronavirus, la movilización fue perdiendo fuerza.

Muchos creyeron que la investigación de la gigantesca explosión de 2020 en el puerto de Beirut serviría para deponer a los barones de la política libanesa, pero ni la presión internacional tras el siniestro los hizo cambiar de actitud.

La semana pasada, partidos rivales convirtieron a Beirut en una zona de guerra, con tiroteos que dejaron siete muertos, tras una protesta contra el juez investigador del caso.

El abogado y activista Firas Hamdan es uno de los muchos que dicen que las elecciones de la próxima primavera boreal serán una nueva oportunidad para que la gente levante la voz contra las autoridades.

“Lo intentamos todo ante esta clase política: las manifestaciones, las sentadas, seguir a ministros y diputados en los cafés y restaurantes, cortes de carretera… Nada dio resultado”, dijo a la AFP.

Ahora “las elecciones legislativas serán un momento crucial para enfrentar al sistema, aunque no será la batalla final”, agregó.

Según él, la votación permitirá a la gente escoger entre los que quieren “construir un Estado” y una clase gobernante cansada “que solo conoce el lenguaje de las armas, la destrucción y la sangre”.

– Avanzar –

Será un “enfrentamiento entre ladrones y asesinos, y ciudadanos que merecen una oportunidad de construir el Estado”, comentó el abogado, quien recibió un disparo durante una manifestación el año pasado para exigir justicia por la explosión portuaria.

El movimiento de protesta dio origen a una andanada de partidos políticos y atrajo apoyo de movimientos más tradicionales, como el partido cristiano Kataeb.

Cada uno de ellos tiene su visión de cómo hacer el cambio, pero coinciden en la importancia de las elecciones.

Para Zeina Helou, del nuevo partido político “Lana” (Para nosotros), es tiempo de “dejar atrás la nostalgia” de las multitudes en la calle y unificar a los grupos de la oposición.

Los activistas deben trabajar en “manejar las frustraciones y expectativas sobre el futuro”, dijo.

La batalla política será difícil porque enfrenta a dos partes con “medios desiguales”, aseguró esta mujer, en referencia al poco financiamiento de los opositores, con poco acceso a los medios tradicionales para hacer campaña.

Algunos observadores critican a los grupos de oposición por no coordinar sus esfuerzos y su movilización de cara a las elecciones.

Entre tanto, los votantes están ocupados luchando para salir adelante con sus menguados ingresos, en medio de apagones constantes y la escasez de todo, desde medicina hasta combustible.

– Primer paso –

Maher Abu Chakra, del nuevo partido “Li Haqqi” (Por mis derechos), consideró que la votación no cambiará nada pero que “es importante participar”.

“Es el primer paso en el camino de un cambio duradero”, dijo.

Pero también reconoció los desafíos.

“Cuando la prioridad de la gente es asegurar que tenga sus necesidades básicas, está menos abierta a la confrontación” política, dijo.

Decenas de miles de personas perdieron sus empleos o vieron reducirse sus salarios desde el inicio de la crisis. Y muchos perdieron sus ahorros, que quedaron atrapados en los bancos.

En algunos casos, los partidos tradicionales lograron volverse a acercar a los votantes al suministrarles comida, combustible o medicinas, o incluso pagar sus cuentas de electricidad y agua.

Hilal Khashan, profesor de Ciencias Políticas en la American University de Beirut (AUB), explicó que el viejo sistema político “sigue vivo”.

La gente, en cambio, sufre de “fatiga social” y “entendió que el cambio no será fácil”, señaló.

A su vez, Rima Majed, profesora asistente de Sociología en la AUB, comentó que la gente deja el país porque perdió la esperanza en un cambio político.

Cansados de los constantes cortes de electricidad y la escasez, miles de recién graduados y familias acomodadas dejaron Líbano en los últimos meses en busca de una vida mejor en el exterior.

“Es engañoso pensar que las elecciones pueden cambiar el sistema”, afirmó la profesora.

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