Al elegir a Kamala Harris, Biden hace historia y juega a lo seguro

La política y la historia conspiraron para que Biden eligiera a Harris. Ya en la primavera se había comprometido a elegir una mujer como candidata a la vicepresidencia. Esto fue un reconocimiento de la creciente importancia de las votantes femeninas en el éxito de los demócratas en 2018 y sus esperanzas en 2020. Pero tras un verano de ajustes de cuentas raciales, motivados por el asesinato de George Floyd a manos de la Policía de Mineápolis, Biden comenzó a tener cada vez mayor presión en elegir no solo a una mujer, sino a una mujer afroestadounidense.

La selección también revela mucho sobre Biden por otra razón. Si bien Harris fue una elección convencional, no debió haber sido fácil aceptarla. El ataque que Harris le propinó a Biden durante el primer debate demócrata, sobre su postura en el pasado respecto a un programa de transporte escolar que buscaba combatir la segregación racial, lo dejó lamiéndose las heridas y con muchos de sus seguidores enfurecidos. A pesar de estos sentimientos, Harris encaja mejor que quizás cualquier otro de los finalistas, teniendo en cuenta la primera regla de las selecciones vicepresidenciales, la cual es no salir perjudicado.

Como bien lo dice un demócrata, al haber elegido a Harris, Biden demostró que hará lo que cree que debe hacer para ganar las elecciones. El hecho de que haya sido capaz de superar aquel debate para mirar al objetivo mayor de ganar en noviembre dice algo sobre su carácter y ambición para ser presidente, una travesía que comenzó con su primera carrera presidencial en 1988.

Eso no le resta nada a Harris, ni a muchos de los otros que estuvieron bajo una seria consideración de ser nominados. Harris tiene la ventaja de ser una figura nacional conocida y, de forma no incidental, alguien que pasó por el proceso de una campaña presidencial y, aunque no llegó lejos, experimentó el combate político que viene al optar por el mayor cargo del país. Más importante es el hecho de que probablemente Harris sea vista como alguien que cumple con el primer criterio de Biden, el cual es ser una vicepresidenta que está preparada para la presidencia.

Incluso antes de las manifestaciones a nivel nacional motivadas por el asesinato de Floyd, Biden ya estaba en deuda con los votantes afroestadounidenses. En Carolina del Sur prácticamente resucitaron su maltratada candidatura y lo trasladaron de la lista de candidatos en peligro al mero frente del campo de batalla demócrata. Había tenido malos resultados en Iowa, Nuevo Hampshire y Nevada. Sin los votantes negros —y un oportuno respaldo del líder de la mayoría de la Cámara, James E. Clyburn (demócrata por Carolina del Sur)— Biden podría haber terminado su temporada de nominación con un récord de 0-3 en sus campañas presidenciales.

Biden se ha referido a sí mismo como una figura de transición en el partido demócrata, alguien que ayudará a darle paso a una nueva generación de líderes. Harris encaja con esa descripción de dos maneras. Primero, con 55 años, es mucho más joven que Biden, quien tendrá 78 años cuando asuma la presidencia en enero, de ganarle al actual presidente, Donald Trump.

Pero si Biden es una figura de transición, ahora será visto como el demócrata blanco que jugó un rol fundamental en reducir las divisiones raciales, primero como vicepresidente de Barack Obama, el primer presidente afroestadounidense, y ahora como el candidato presidencial que elevó a una mujer negra a una posición mucho más alta que cualquier otra.

Harris también representa una especie de “llegada a la madurez” de las mujeres afroestadounidenses en el partido demócrata. Las mujeres negras constituyen en la actualidad quizás el sector de votantes más leal en la coalición del partido, pero casi nunca habían obtenido el poder o el reconocimiento que se podría haber esperado de su lealtad. Como candidata, Harris hizo de sus vidas y posiciones una parte central de su mensaje y será capaz de ser su voz en la Casa Blanca si ella y Biden son electos.

Biden tenía otras opciones. Al principio, la senadora demócrata por Minnesota Amy Klobuchar, quien también se había lanzado como candidata contra Biden pero que le dio un respaldo resplandeciente después de las primarias en Carolina del Sur, parecía ser una posible finalista. Sin embargo, ella misma se salió de la carrera y dijo públicamente que era hora de que una mujer de color estuviera en la boleta presidencial.

La senadora demócrata por Massachusetts Elizabeth Warren había dejado su huella en la campaña como la candidata que tenía mayor cantidad de planes, y el equipo de Biden rápidamente acogió algunas de sus ideas cuando el proceso de nominación culminó de manera no oficial. Warren tuvo varias conversaciones con Biden y su equipo sobre política y la vicepresidencia. Pero para los moderados del partido, Warren siempre fue vista como alguien demasiado a la izquierda.

Biden consideró seriamente a otras mujeres afroestadounidenses. Una de ellas fue Susan E. Rice, la exconsejera de Seguridad Nacional del gobierno de Barack Obama. Biden y ella habían formado un fuerte vínculo y una buena relación laboral. En el ámbito de una compañera de candidatura, Biden podría haberla visto como la elección ideal, capaz de formar una alianza parecida a la que él tuvo con Obama. Pero Rice nunca había participado como candidata en unas elecciones, y mucho menos había experimentado las exigencias de una campaña nacional.

La diputada Karen Bass (demócrata, por California) fue otra posible candidata cuyas posibilidades parecieron incrementarse en las etapas posteriores del proceso. Bass había sido presidenta de la Asamblea Estatal de California antes de ganar su escaño en la Cámara de Representantes. Sin embargo, el brinco de la Cámara a la fórmula presidencial parecía arriesgado, así como algunas de sus antiguas declaraciones sobre Cuba y Fidel Castro.

Mientras el proceso de selección vicepresidencial continuaba de forma pública y la competencia se intensificaba, Harris también tuvo sus detractores, quienes dijeron, de diversas formas, que había liderado una campaña ineficiente, que no tenía políticas claras y que podría terminar no siendo una verdadera compañera de gobierno. A algunos liberales no les gustaba su historial como fiscala de Distrito de San Francisco o como fiscala general de California, lo que hizo eco de las críticas que había recibido durante su etapa como candidata a la presidencia.

Algunos demócratas afirmaron que el altercado del debate debería lograr que Biden fuera especialmente cauteloso en elegir a Harris. Sin embargo, el presunto candidato presidencial percibió otra cosa, lo cual puede estar relacionado con su mensaje de campaña de querer intentar unir a las personas.

En el comunicado que publicó al anunciar su selección, Biden señaló que Harris era fiscala general de California cuando su hijo Beau, quien falleció de cáncer cerebral en 2015, había sido fiscal general de Delaware, y explicó cómo había llegado a conocerla a través de esa relación laboral.

“Le tenía un respeto enorme a ella y a su trabajo”, dijo Biden sobre su hijo. “Pensé mucho en eso al momento de tomar esta decisión. No existe una opinión que valore más que la de Beau y estoy orgulloso de tener a Kamala junto a mí en esta campaña”.

Esta no es para nada la primera vez que un candidato presidencial ha elegido como compañero de fórmula a alguien que le había dirigido una fuerte campaña en contra. Ronald Reagan eligió a George H. W. Bush en 1980, incluso después de que Bush había denominado a la plataforma económica insigne de Reagan como “economía vudú”.

A veces al hacer historia en una selección de vicepresidente, se crean baches políticos. Eso le sucedió a Walter F. Mondale en 1984 cuando seleccionó a Geraldine Ferraro como su candidata a la vicepresidencia. Al ser una elección de último momento, el proceso de investigación fue apresurado, y al poco tiempo emergieron algunos problemas relacionados con las finanzas de su esposo, lo que por un tiempo se tradujo en una enorme distracción.

Algunos candidatos que han estado políticamente en aprietos pueden descarriarse en sus selecciones. En 2008, algunos de los asesores del senador John McCain lo persuadieron de que apostara a la poco conocida Sarah Palin, en aquel momento gobernadora de Alaska. Palin deslumbró a la convención republicana pero en poco tiempo se convirtió en un problema. McCain perdió por otras razones, en concreto por el colapso financiero de septiembre de ese año, pero su selección de Palin sigue siendo un ejemplo de lo que no se debe hacer.

Biden tiene una buena posición rumbo a su convención. Mantiene una delantera sólida en las encuestas nacionales y una ventaja en muchos de los estados decisivos más importantes. No necesitó asumir un riesgo con su selección vicepresidencial, y al final no tuvo que hacerlo.

La selección de Harris atrajo aplausos de todas partes del partido, y para algunas mujeres afroestadounidenses fue un momento de emoción pura. Para Biden, fue el final de un largo proceso de descarte que lo trajo al lugar que muchos demócratas anticiparon cuando comenzó.

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